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Alta resolución en la cámara del vehículo para clasificar elementos

En los vehículos se utilizan diferentes tipos de cámaras. Hasta ahora, conocemos principalmente las que nos facilitan el aparcamiento, por ejemplo, la de marcha atrás. 

Funcionan con ángulos de apertura amplios y cuentan con la ventaja de capturar áreas lo más grandes posibles (por ejemplo, la cámara de ojo de pez). Por otra parte, las cámaras que tienen lentes con diferentes distancias focales, desde teleobjetivos hasta grandes angulares, tienen una importancia primordial para las funciones de conducción. Estas se suelen instalar tras el parabrisas.

En el ámbito de los sensores, las cámaras ofrecen la ventaja de que funcionan con una resolución enorme y de que el procesamiento de la imagen puede evaluar y diferenciar los objetos con una gran precisión. Dado que el reconocimiento de imágenes se basa cada vez más en la inteligencia artificial, como explica Modes, «los sistemas de procesamiento de imágenes se deben entrenar para detectar distintos tipos de objetos».

Además, y a diferencia del resto de tipos de sensores, las cámaras se pueden emplear también para clasificar información como el estado de los semáforos o las señales de tráfico. Su funcionalidad se ve limitada, sin embargo, por el hecho de que pueden presentarse restricciones ambientales, como oscuridad, deslumbramiento por el sol o suciedad en las lentes. Por otra parte, y debido al principio de medición pasiva, al analizar datos de las imágenes, las distancias y las velocidades solo se pueden estimar, a diferencia de otros sensores que son más precisos en este aspecto.

El ámbito de aplicación de las cámaras es bastante generalizado: se pueden usar para detectar los límites de la vía y llevar a cabo funciones de asistencia al conductor, como la advertencia de salida del carril o el frenado de emergencia, que reaccionan ante la presencia de otros vehículos pero también de peatones y ciclistas.

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