Hamad Bin Hamdan Al Nahyan, el Jeque Arcoíris, posa con su Dodge Power Wagon. Hamad Bin Hamdan Al Nahyan, el Jeque Arcoíris, posa con su Dodge Power Wagon.

¿Por qué el Jeque Arcoíris le dice "no" a Ferrari y Lamborghini?

Hamad Bin Hamdan Al Nahyan, el Rainbow Sheikh de los Emiratos Árabes, tiene la particularidad de no hacer de su museo una oda a los deportivos europeos de lujo. La potencia no es una necesidad en su extensa y excéntrica colección. Estas son sus reales preferencias.

Para cualquier coleccionista acostumbrado al lujo y a la ostentación, tanto Ferrari como Lamborghini se impondrían como una norma, serían deportivos imprescindibles. ¿Cómo no tentarse a la seducción de sus célebres carrocerías? Hay, entre las personalidades que hacen de sus vidas un museo del automóvil, una que conoce la respuesta.

A su manera, Sheikh Hamad Bin Hamdan Al Nahyan ha encontrado la forma de escaparse del cliché de los superdeportivos italianos. Su excentricismo radica en la rareza y la monstruosidad de sus automóviles. El garaje donde atesora sus más de 200 modelos de colección, una pirámide en el desierto de Abu Dhabi, es el epítome de la cuestión.

Todo allí es una mutación. Eso denota dos apartados que se entrelazan. Por un lado, son coches exclusivos, únicos en el mundo e irrepetibles por su originalidad. Eso genera que su obra automotriz sea más un museo -lo que realmente es- que una colección. Esa debe de ser una de las principales virtudes del príncipe árabe.

 Dodge Power Wagon, versión de fábrica y versión "Rainbow Sheikh".

Conocido como Rainbow Sheikh (Jeque Arcoíris), su fortuna supera los 20 mil millones de dólares y encontró la fama gracias a sus llamativas unidades. El Dodge más grande, las Jeeps más grandes, la Ford más temeraria. Su predilección parece estar más cerca del torque que de la potencia y su estilo va más por el lado de las grandes carrocerías que de los automóviles aerodinámicos.

Su seudónimo se lo debe a sus siete unidades Mercedes-Benz Clase S W126, cada una de ellas con su respectivo color propio de los arcoíris. Esa es una de las obligadas atracciones. Pero más allá de su simpático apodo con el que se lo conoce en Tierra, el nombre de pila es lo que lo distingue una vez en el espacio, pues desde allí es posible leer Hamad, su firma estampada sobre una de sus islas.

El Jeque Arcoíris no parece inclinarse al hábito de tantos de sus pares. Los deportivos como los de Ferrari y Lamborghini serán la debilidad y la manera de muchos célebres coleccionistas de demostrar sus riquezas. El Sheikh Hamad de Abu Dhabi siempre tuvo otros planes, una particular fórmula para exhibir su gran patrimonio.

Mauro Blanco

Nostalgia por los sedanes de los '90 y admiración por las marcas que hacen su camino viendo, en un coche, una pieza de arte.+ info

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